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lunes, marzo 01, 2010

La palabra de la C

 "Oh no... él no acaba de decir eso, ¿verdad que no?"
Imagen tomada del sitio de Blakeney Manor.

A pesar de la religiosidad de la sociedad española en general, me pareció bastante curioso y peculiar que no conocieran cómo murió San Lucas.

Salió a relucir el tema hoy en la oficina, mientras Mónica discutía con Beta (ambas venezolanas) algo relacionado con diferentes formas de morir. Mi voz, potente como un trueno transformista -es importante en este punto aclarar que, a pesar de haber hecho carrera como narrador en The History Channel y A&E Mundo para Latinoamérica, siempre me ha parecido que tengo una voz bastante afeminada- rompió el silencio con un estruendoso "es mejor morir como San Lucas".

Los tres venecos riendo sin parar, sonrojados como cuando teníamos seis años y escuchamos a alguien decir teta. Los españoles interpelándonos con miradas sombrías, extrañadas, dubitativas.

Comenzamos a explicar la trágica pero irresistible versión venezolana de la muerte de San Lucas, haciendo especial énfasis en cómo Lucas rimaba con la palabra de la C. Un momento después, los colegas españoles al unísono replicaron "es que cuca no significa eso aquí". De hecho, saciando mi curiosidad en el diccionario acabo de sorprenderme al descubrir la acepción nicaragüense de la palabra cuca.

No estuvo tan mal haber perdido el efecto desternillante que el comentario tuvo en nosotros por culpa de la diferencia de significados que ambas naciones -cosa que también deja por fuera todos los chistes donde se intercambia cuca por catalina, tan comunes a nuestra idiosincrasia- le dan a la misma palabra. La cosa se pone peliaguda -y que conste que no he dicho pelúa para no sonar suspicaz, dada la continua mención de la palabra cuca en este post- cuando en la mesa se hace un silencio incómodo durante una merienda, por causa de un inocente Luis que pregona que, después de todo ese pan con mantequilla y Nutella que se acaba de comer, le va a salir tremenda pepa en la cara.

En este punto, a más de uno le parecerá que he sido ligeramente proclive a sobreutilizar la palabra cuca en este post. Y es verdad. Ahora es cuando me doy cuenta de que cuca ha aparecido seis veces desde que comencé el post sin contribuir realmente a un fin didáctico, sin ser realmente necesario. Ahora mismo caigo en cuenta del intoxicante poder del que tomo posesión pública en este instante.

De estar en Venezuela, este post sería impúdico, transgresor, pornográfico, injurioso. Generaría cuchicheo en las altas esferas sociales, de las que sería expulsado sin derecho a apelación. Mi foto carnet desaparecería de la cartelera del club social. Es posible que me señalaran en la calle al pasar, con ese dedo acusador que sólo puede sentenciar a quien no se ruboriza al pedirle al vendedor de catalinas de la autopista una cuca fresquita.

Pero estoy en España, así que tengo carte blanche de decirlo a discreción, sin miedo a ser juzgado. Siento el poder infinito que sentía He-Man cuando alzaba la Espada del Augurio Espada del Poder chillando "por el poder de Gray Skull" -disculpen el chinazo. Es el mismo poder con el que deseo tener sólo descendencia femenina para poder llamarlas Cuca, Paloma, Concha. ¡No hay más censuras!

Soy incontenible. Soy un descarado, un sinvergüenza. Soy un granuja, un inmoral. Soy un vulgar y un grosero... y mi abuela me va a lavar la boca de cloaca con jabón Las Llaves cuando llegue al cielo.

Perdón. No digo más la palabra de la C.

sábado, febrero 13, 2010

Déjate barrer

El polvo de Madrid después de haberlo barrido

El polvo en Madrid es una maldad.

El polvo de Madrid no es polvo inerte, muerto, pesado. Tiene vida, se desplaza ligero y vuela por todos lados sin ser descubierto. Se va acumulando silenciosamente y lo notas sólo cuando cruje bajo tus pies un buen día en que dices "¿será que hay que barrer? ¡pero si barrí hace un par de días y tengo las ventanas cerradas!"

Con frecuencia, se convierte en motitas de pelusa gris y aparece en el suelo, como si hubiera estado caminando por la casa todo el día cual insecto y lo hubieras descubierto al abrir la puerta. Es como vivir en el depósito de pelusa de una secadora gigante... y alguien siempre está secando ropa.

El polvo de Caracas es arenoso, consistente. Es una tierrita fácil de barrer. Es domesticable y obediente, entra dócilmente en la pala. Hasta simpático me parece el polvo de Caracas ahora, cuando recuerdo lo placentera que eran nuestras interacciones.

El polvo de Madrid es rebelde, se escapa huyendo en bandada y alertando al resto, haciendo que barrer se convierta en una lucha sin cuartel. Es el Hombre contra la Suciedad en una lucha desigual entre escoba versus partículas, añicos, pelos y brozas.

Y el Hombre siempre gana la batalla, pero nunca la guerra.

martes, febrero 09, 2010

Ahora también en Twitter

Para estar un poco más en contacto con mis pocos -pero muy queridos- asíduos lectores, he creado un canal de Twitter que estaré actualizando en período de prueba. La idea es explorar el formato y ver qué tal se me da.

Todavía estoy aprendiendo el lingo del sitio, así que cualquier comentario o sugerencia está más que bienvenido.

Muchas gracias por su atención. Atentamente,

La Gerencia.

PD: una prueba más de que no me actualizo en frases venezolanas. "Gracias, La Gerencia" es tan 2006.