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jueves, mayo 20, 2010

España es paña


España es uno de esos países de los que los venezolanos sabemos cosas. Pregúntenle a cualquiera -incluyéndome- sobre Moldavia, Gabón o Yibuti y la respuesta será la más atónita cara de desconcierto... pero pregunten sobre Nueva Zelanda, Japón o España y les dirán cosas.

Es un poco injusto quizá que, en tres años conocí de Canadá lo que en seis meses he conocido de España. En este tiempo viviendo en Madrid, he sido muy afortunado de viajar y de poder irme haciendo una visión de país, de poder darle conexión a la nube de folklore español que he ido amasando en mi cabeza durante toda la vida.

Para explicarles a lo que me refiero y que dejen de pensar en mí amasando una nube de folklore español... puede comenzar escuchando una canción de Mecano que menciona a la Puerta del Sol. En eso te das cuenta de que estuviste ahí y que has pasado por ahí mil veces y es parte de tu realidad, de tu día, de tu mundo. O puede pasarte, por ejemplo estando en Andalucía, recordar que el gato de Pixie y Dixie era andaluz e incluso sabes cómo es el acento de la zona gracias a esa comiquita. O quizá te pasa comiendo empanada gallega, cuando te das cuenta de que es de Galicia y que ya has estado ahí y sabes de dónde provino. O una corrida de toros, ver un partido de fútbol, las clases de flamenco que tomaba fulanita, Goya-Velázquez-Murillo en el libro de Historia del Arte, una película de Almodóvar, las páginas de la revista ¡Hola! que se lee la tía-abuela, los Seat, el Juego de la Oca, Barcelona 92 o la Expo Sevilla, las Rocíos -que en paz descansen- la Pantoja o la Paloma... La Paloma San Basilio, claro.

Es lo que siente un gringo cuando visita Latinoamérica y aprende que, si bien todo lo que está al sur de Texas es México, el tango es del estado de Argentina.

jueves, mayo 06, 2010

Mini test de Rorschach venezolano

"Luis, el otro día leí un post todo soez en tu blog"
Anna, lectora de Caracas

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La primera lámina del Test de Rorschach (tomada de Wikipedia).
La gente normal debería ver a Nancy Ramos montando caballo.

Mucho antes de que este blog se convirtiera en un templo donde se venera la profanación y la vulgaridad, un antro de costumbres de dudosa reputación y violencia en contra de los animales, yo escribía ciñéndome a muy arraigados valores morales y altísimos estándares de calidad. Aunque no lo crean, esta charca nauseabunda de oprobio y desvergüenza era un lugar de encuentro para toda la familia, una pasarela de buenas costumbres.

Haciendo lo posible por traer de vuelta al menos un poco de esa edad de oro de "Culpe a Canadá", he decidido hacer un post interactivo.

Es una especie de Test de Rorschach pero en vez de manchas de tinta, utilizaremos palabras frente a las cuales usted tendrá que dar respuesta para descubrir los más interesantes y recónditos rasgos de su personalidad.

Es mucho lo que se puede aprender y nada lo que se puede perder. Lea la palabra en voz alta y diga lo primero que se le venga a la mente. Comencemos.



Estudio

El 92% de la población venezolana piensa en Estudio 92, programa animado por Carolina Perpetuo donde básicamente salía todo el mundo bailando y en especial, go-go dancers detrás de paneles semi-transparentes. Un 6% suele pensar en ese cuarto de la casa lleno de libros donde usualmente está la computadora y finalmente sólo el 2% restante piensa en Moral y Luces... ¡y por eso es que estamos como estamos!




Lo más probable es que hayas pensado en nalgas pues es en lo que piensa el 67% de la gente. Un fuerte 32,9% piensa en las mejillas o una operación de remoción de las cordales. El 0,1% restante -yo- piensa en la banda de animación para bodas y eventos "Cachete Banda Show"... pronto animando un bochinche cerca de usted, aunque últimamente he estado pensando que ese nombre le va mejor a algo estilo Juan Carlos y su Rumba Flamenca. Hace falta llenar el vacío que dejó.



Raúl


Respuestas divididas para esta palabra. 49% de la población piensa la frase "...y Merci", inseparable pareja animadora de Chamokrópolis y Superkrópolis (ya no recuerdo cuál fue primero). Un 45% piensa en Raúl Amundaray y en su poema a las madres. Sólo un 5% piensa en su compañera, Lupita, y un 100% espera que Raúl Castro entregue el poder algún día.




La gran mayoría de los venezolanos -un 52%- asocia esta palabra con "Sensacional". Luego un 37% piensa en "Gigante" y los traumas que Don Francisco, la Cuatro y el Chacal de la Trompeta dejaron plasmados en nuestras mentes susceptibles. Finalmente, un selecto 11% piensa en la parabólica de Sábado Mundial... y los traumas que el Gordo Porcel dejó plasmado en nuestras mentes susceptibles.

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Para comprobar la veracidad científica de los datos suministrados -que llegaron a la redacción a través de fuentes exclusivas en el IVIC y un guardia de seguridad del Observatorio Cajigal- los invito a dejar un comentario con sus respuestas. Ya yo dejé las mías.

martes, abril 20, 2010

Muerte al Atardecer

El toro
Visita la galería de imágenes de la tarde de toros en la Maestranza. Apta para todo público.

Puedo evocar en cualquier momento la intranquilidad y expectación que sentí justo antes de ver al primer toro salir al ruedo. Sentí un peligro auténtico, como si lo que iba a salir por la puerta no era de este planeta, sino un monstruo mítico y todos en la plaza íbamos a quedar a su merced.

Después de varias semanas de preparación, había llegado el momento. Agradecí haberme ilustrado un poco en qué consistía una corrida, las diferentes fases y sus significados y traté de conservar los ojos y la mente abierta. Fueron dos horas abrumadoras e intensas y cuando ya había terminado todo y estábamos saliendo de la Maestranza tenía la sensación de haber vivido una realidad paralela.

Cuando pude digerir lo que había sucedido, tuve mi primer choque. ¿Por qué no me molestó que mataran a los toros? Es probable que, siendo la primera vez y tratando de conservar la objetividad, me haya ausentado de lo que estaba sucediendo. Como en un trance.

Entonces me dí cuenta de que mi percepción sobre el toro fue diferente desde el principio. Creo que la gente de alguna forma se identifica con él y lo ve como un ser desprotegido, a punto de ser asesinado sin contemplación. Yo no lo vi así. No vi a un animal entrañable como un poodle, un panda, un gatito o un hamster. Vi a una bestia salvaje e iracunda, lista para atacar como lo haría una anaconda, un tiburón, un león.

No sentí compasión por él, porque no sentí que él tuviera compasión con el torero sino más bien una disposición inflexible para embestirlo. Su instinto -en general, no de supervivencia- es atacar lo que se le ponga en el camino, sin importar lo que sea: un torero, un caballo, una viejita cruzando la calle o un bebé. Es su naturaleza, y estos toros son criados toda su vida para mantener y exaltar estas cualidades, no domesticarlas.

Tampoco puedo decir que sentí que el toro estuviera sufriendo. Son tan enormes, tan fuertes, tan brutos que en verdad se siente que es poco el daño que sufren por las picas y las banderillas. Son heridas en sangre caliente, en medio de un enardecimiento demencial que, al contrario, parecieran darle más fuerzas por momentos. Avanzada la contienda, se le ve debilitado -que es el propósito de los castigos- pero son tan fuertes que en una oportunidad pudimos ver cómo, estando ya en el suelo a punto de expirar, se recobraba y volvía a ponerse en pie.

Algunos mugen, pero no son mugidos de dolor sino de rabia y vienen acompañados de amenazadores golpes en el suelo. Ver a esa mole histérica respirar como lo hace, poseído por la cólera a sólo unos pocos metros de uno hace que se te hiele la sangre de miedo.

Y frente a esa insensatez lunática, está el torero dominando y controlando toda su naturaleza salvaje. No es una representación dramática. Es real.

Durante una de las faenas, uno de los toreros -Miguel Ángel Delgado- fue prendido por la chaqueta y tirado por los aires. Entonces te das cuenta de que hasta cierto punto, es el toro quien tiene la ventaja, no el torero. Es un duelo donde uno de los contrincantes va a morir, frente a tus ojos. Y puede ser cualquiera de los dos. Es la supervivencia del más apto en el siglo XXI.

Visiblemente adolorido, Miguel Ángel se recompuso, tomó el capote y se puso firmemente en pie delante del toro, listo para el siguiente pase. Todavía no sé si fue locura, valentía, adrenalina.

Estoy de acuerdo en que las corridas de toros no son para todo el mundo -y me disculpo públicamente si luzco evangelizador- pero también creo que es probablemente una de las pocas cosas épicas que nos quedan y que no pueden comentarse sin entenderse, sin vivirse.

"Muerte en la Tarde" es el título del libro de Ernest Hemingway sobre el mundo de los toros.