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sábado, marzo 26, 2011

Adulto i rresponsable


La primera vez que entré a mi apartamento nuevo sentí felicidad absoluta. Cuando metí la última caja de la mudanza sentí paz infinita. Minutos después, cuando me dí cuenta de que por primera vez en mi vida dependía por completo de mí mismo sentí pánico.

No es fácil para una persona como yo, que le tiene miedo al compromiso, firmar un contrato que te ate a algo durante un tiempo determinado. De ahí la analogía que hacía en el anterior post a "buscar pareja en un mes para casarte directamente."

Pues me casé y estoy muy feliz.

Típicamente, el paso que sigue a casarse es buscar descendencia. No voy a adentrarme en la altamente inapropiada e indecorosa empresa de describirles un obsceno episodio erótico-festivo con mi apartamento, por la única razón de que quiero que -quienes me conozcan- me visiten y creo que la gente se sentiría un poco incómoda sabiendo que me propasé con mi apartamento de forma concupiscente.

(Aunque ahora que lo pienso, todos somos adultos y sabemos que hemos tenido sexo salvaje y explícito en la vida, y que nuestros amigos también lo han hecho y eso no nos escandaliza, ni nos impide seguir cosechando nuestras amistades, así que...) Acaricié sus suaves paredes blancas con mis trémulas manos que...

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Primero pensé adoptar un cachorro, pero perro que se respeta tiene que ser grande. Todos esos perros afeminados que parecen abortos de especies más grandes no merecen llamarse perros y deberían ser exterminados en masa para crear cosas más útiles como por ejemplo abrigos. Yo no solía ser así. Creo que esta repulsión viene del hecho de que mi ex-compañero de piso le decía chuchis a sus dos westies.

Al final, como mi apartamento es pequeño y la mayor parte de mi vida la paso en la oficina (se avecina un post sobre eso), sería una completa maldad adoptar un perro. Así que, en mi afán por tener una vida a mi cargo, decidí comprar semillas y sembrar dos plantas: una de orégano llamada Gertrudis y otra de albahaca llamada Macarena y a la que le gustan los veranos en Marbella.

Gertrudis a la izquierda y Macarena a la derecha.

Era la decisión lógica, eminentemente porque si alguna llegara a morir por negligencia, sería fácil deshacerse de su cadáver. No sería tan sospechoso que me encontraran al lado de la M30 lanzando una planta muerta que un perro muerto.

jueves, febrero 10, 2011

Ese conteo regresivo inexorable: Alquilar piso en Madrid

 Interesante imagen de Google Earth del edificio donde viví en la calle Ayala de Madrid.

Viví en esta habitación de la calle Ayala durante 14 meses. Digo viví porque, aunque sigo viviendo en ella durante 18 días más, mi partida es tan ineludible como la gravedad. La relación con mi compi se balanceaba en una cuerda floja estabilizada sólo por los niveles de comedia que sus incoherencias le imprimían a mi vida y a la de quienes me rodean.

Mis amigos más cercanos, y quienes han podido quedarse en mi casa de visita, han podido compartir episodios memorables como "La panza no es lo que vende sino los bíceps", "¿Estás cocinando arepas?", "Al final, te digo cómo vamos a acabar. Como perras.", "¿Y tú rayas el pan?", "¿Estás segura de que no te quieres venir a vivir a España?" o "Qué graciosos los venezolanos y las arepas."

Pero ya. Se acabó la paciencia y llegó la hora de emprender vuelo, emanciparme a una vida donde seré dueño de mi destino y no tendré que aguantar más entrometimientos en mi vida. ¡Adiós!

Ahora me encuentro en la penosa labor de buscar piso. Buscar piso es como buscar pareja en un mes para casarte directamente, con todas las implicaciones que eso puede acarrear. Igual que en la vida real, algo captura tu atención, llamas, conciertas una cita y una vez ahí te dices, "Cariño, no eres la madre de mis hijos. Papito, no eres el cromosoma Y de mis crías." Como en la vida real, te quieres casar con Scarlett Johansson o George Clooney... pero te toca conformarte con Joselo o Laura Bozzo.

Estimo que, de no encontrar nada, comenzaré a preocuparme seriamente a partir del 15 de febrero y entraré en pánico el 25, siendo el 28 de febrero el culmen del estrés, con más de mil trozos corporales en escena. Digo esto porque quiero que ustedes, queridos lectores, se imaginen mi cuerpo literalmente estallando en mil pedazos de estrés que se desparramarán por todo Madrid, desde las Torres Kio hasta la Puerta de Toledo... desde el Templo de Debod hasta el Estadio Olímpico de la Peineta.


Una sensación, casi un déjà vu, me invade cuando busco en idealista.com y veo los mismos pisos remezclados una y otra vez. He caminado todo Madrid anotando teléfonos de pisos de dormitorios inciertos, de precios seguramente inasequibles, de contestadoras que nunca devolverán la llamada mientras las rendijas de las suelas de mis zapatos sistemáticamente se llenan de mierda (literalmente) que piso por andar con cara de bobalicón buscando los carteles que ya mis retinas reconocen a la distancia.

Carteles que, a medida que pasa el tiempo pareciera que dijeran...

jueves, diciembre 30, 2010

Los primeros


Ahí estaban los dos sin decirse nada, sentados en el restaurante esperando la comida. No reparaban en la gente alrededor -un grupo de escandalizadas señoras calenturientas tratando de disimular el interés, un matrimonio que al rato se levantó y se fue sin terminar la comida, una pareja de jóvenes que los miraba fijamente cuchicheando, una madre cambiándose de puesto con sus hijos para que no vieran y luego intentando que no voltearan- sino en la orden que habían hecho hacía unos minutos a la perpleja mesonera que ya traía los dos vasos de jugo de manzana.

Con no poca tensión colocó los vasos en la mesa y se fue, tratando de no mirar a los comensales que a su vez no se quitaban la vista el uno del otro, en trance.

- Qué provocación...
- ¿Qué provocación? -dijo ella algo irritada.

Ya habían discutido suficiente y habían acordado que lo harían, como el resto de la gente normal.

Ambos tenían sus razones para estar ahí, ambos con sentimientos encontrados ante lo que estaban por llevar a cabo, ambos compartiendo el morbo de la experiencia. Nadie les dijo que no podían, pero esta vez había algo que se sentía que no estaba bien. Experiencias pasadas, cada uno a su nivel. Miradas alternadas de nerviosismo y picardía.

Para romper la tensión ella preguntó "Y, ¿has vuelto a ver a la víbora esa de...?" y él sin dejarla terminar "No, te dije que nunca más la vería de nuevo. Ya nos jodió suficiente la vida." Ella asintió con una mueca de aprobación y culpa.

Les sonaba el estómago.

Desde el incidente todo había cambiado entre ellos. Estaban frente al último intento por superar la crisis de su relación. Para romper el silencio él exclamó "Esto es lo más carnal que ha habido entre los dos en mucho tiempo" y se echó a reír ante la tontería.

Sus vidas marcadas de nuevo por unas costillas, ahora asadas a la perfección y cubiertas con salsa BBQ.