
Ya hace poco más de dos semanas llegué a Caracas. Este ha sido un viaje muy importante para mí y ha estado lleno de todo un poco. Es increíble cómo el tiempo pasa volando cuando uno la está pasando bien. Igualmente, cómo ve uno las cosas tras tanto tiempo fuera. Supongo que eso será materia para otro
post. Para ir por partes y cronológicamente, les relato mi particular odisea para llegar a Caracas hace dos semanas.
Cuando veníamos, estuvimos esperando dos horas y media para abordar en avión en Miami porque según el capitán de la aeronave "la cabina estaba muy caliente". La gente se quedó impávida, algunos con cara de "qué habrán estado haciendo los pasajeros anteriores en ese avión" Mi hipótesis es que cuando te dan una explicación tan incoherente, uno no sabe qué responder y quedas completamente desarmado. ¿Quién puede contra ese argumento?
Finalmente abordamos el avión y ya todo estaba aparentemente listo para el despegue cuando noté que varios técnicos de mantenimiento del avión iban y venían a uno de los baños cerca de mi asiento. Tras 20 minutos de espera en la
cabina caliente, nos pidieron amablemente por el parlante que no arrojáramos pañales al baño porque se tapan las pocetas y se dañan y pueden causar filtraciones que podían causar la caída del avión. Sólo puedo añadir que yo no fui.
Como decía, es increíble la sensación de estar de nuevo en Caracas tras un año de ausencia. Uno se acostumbra a su nueva realidad en su nuevo país y volver a estar en la plaza Altamira esperando un Metrobús te hace sentir que todo es mentira, de que uno nunca se ha ido y de que todo ha sido un sueño del cual uno despierta cuando un pendejo se queda atravesado en un semáforo trancando el paso del otro canal y entre cornetas se escucha un
¡ñoetumaaaadre! perdiendo volumen.
Veo la ciudad más o menos igual, con una cantidad ingente de propaganda política, resaltada por un recurrente
poster blanco con letras rojas que rezan "Por ahora". Sin embargo, a pesar de la amenaza, veo a la gente poco tensa y a la ciudad fluyendo apaciblemente (claro, hay que considerar que muchísima gente está de viaje y la ciudad se conveirte en una versión
light de lo que realmente es).
Ya mañana me voy y honestamente
despedirme no quisiera. Cuando me fui el 18 de diciembre de 2006, me fui muy molesto y con la sensación de que no iba a querer volver nunca más. Durante estas dos semanas, hice las paces con Venezuela.